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Los Textos de Casas: Ensayos bonsái

Anaquel

Por Omar González @Pagina23Anaquel

Autor de larga data en su país natal, finalmente ha desembarcado en México la obra de Fabián Casas (Bs.As., 1965) gracias a las colecciones Biblioteca Breve y Los Tres Mundos (poesía), bajo el sello Seix Barral de Editorial Planeta. Se trata de Ensayos bonsái (Arg. 2007), La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún, (Arg. 2013) y Horla City y otros (Arg. 2010). Este último título reúne, a la fecha, la totalidad de la obra poética de Casas: Tuca (1990, reeditado en 2006), El salmón (1996, reeditado en 2007), Pogo (2000), Oda (2003, reeditado en 2008) y Spleen de Boedo (2003). Cierra Horla City el ensayo "La voz extraña".

La primera impresión que causa la lectura de Casas es la de quedar delante de un autor didáctico que carece de ínfulas de maestro, lo que permite que se reconozca en él a un autor que no escatima esfuerzos en reconocer el valor del trabajo de los demás; que conduce hacia otras lecturas, que le gusta el fútbol y que no rehúye de la posibilidad de un "hombro a hombro", sí coincide portando casacas diversas a las de Cortázar y que ve en Borges un compañero de equipo que como todo crack, da voces en el campo sin apropiarse del juego, esto es, sin que Casas permita que la voz del genio lo desborde ni se apodere de su estilo. Casas no quiere escribir como Borges, Casas escribe como Casas y hace bien. Hay respeto y admiración hacia Borges, cosa que sabemos el poeta se ganó a pulso –el que niegue a Borges como Pedro al Nazareno, miente–, y también, por supuesto, hay deudas estilísticas e intelectuales como la que se desliza en "Cancha rayada": "Pero no importa, como dos bonzos / dispuestos a inmolarse, / nos sentamos y enciendo el motor: / Fabián Casas y su padre / van en coche al muere", que recuerda el poema de "El General Quiroga va en coche al muere", contenido en Luna de enfrente (1925), uno de los primeros poemarios de Borges.

Al mismo tiempo, no por carecer de ínfulas la pedagogía indirecta de Casas deja de ser brillante: "El corpus de la obra de Tolstoi está sancionado como un clásico. Muchos se pueden preguntar ¿para qué escribir sobre algo antiguo, por qué no trabajar sobre lo nuevo, sobre lo inmediato? En una página gloriosa de Ema la cautiva, César Aira hace que un indio se pierda entre la corriente de un río abrazado a un témpano. Así me aferro yo a esta idea de Walter Benjamin, cuando sugiere que trabajar sobre un objeto arcaico tiende a otorgarle una nueva luz…".

Aventuremos un boceto adicional al argumento de Casas y digamos que hay obras, en el caso de la de Tolstoi, cuya perdurabilidad está fuera de duda, y se constituyen en parámetros de un hacer particular, en tanto que cualquier autor está empeñado en lograr al menos un párrafo memorable. Quien diga que no, miente. Sin embargo, para lograr ese párrafo memorable hay que conocer y estudiar el trabajo de otros y cribar de cientos y cientos de párrafos aquél que cualquier autor hubiera deseado escribir para en ese solitario párrafo, perdurar. Para que el escrutinio sea bueno hay que tener el talento y agallas para someterlo al escrutinio público y por supuesto, talento para lograr ese párrafo memorable. Casas somete al escrutinio su singular estilo con acreditado talento.

Al mismo tiempo y sin demérito alguno de su calidad, Casas puede extraviarse en los efectos colaterales y humanos de un partido de fútbol –es hincha de San Lorenzo de Almagro– o las habilidades histriónicas de un boxeador como Sergio Maravilla Martínez, sobre quien ofrece un fresco lindante con una antropología del boxeo como si éste fuera una metafísica exculpatoria de la pobreza o de la vida misma: "…su historia –dice Casas hablando del box– se escribe en el cuerpo, con golpes certeros, demoledores. Y el tiempo, que sabe boxear, no perdona a los que lo hacen mal", como J.C., Chávez junior, antagonista en todos sentidos de Maravilla Martínez. Sobre el esfuerzo de Martínez en contrapartida a las comodidades de Chávez junior, Netflix tiene en pantalla un documental del que pueden extraerse dos o tres lecciones de vida que el texto de Casas, Mujer Maravilla contribuye a contextualizar.

A la vocación pedagógica, a la tácita didáctica de sus textos en prosa y a la calidad conceptual de los mismos, Casas añade su voz poética que en Horla City y otros que bajo el sello Seix Barral, Editorial Planeta ha puesto a circular en México hace pocos meses. Es de este libro de donde se extraen este par de ejemplos que no tienen más objetivo que invitar a la lectura de la poesía de Casas: Durante la noche / suena la alamar de una fábrica / cercana a mi casa. / Mientras fumo, / me pregunto si será un error, / un robo / o algo exclusivo para mí. (Alarma). O este fragmento de Meditación: Que quede claro: / Esos globos inflados con gas / pegados al techo / donde hubo una fiesta, / son mis sentimientos.

Hablando de la obra de Charles Simic –"Bosquejo del poeta como ensayista"– Rafael Vargas escribe: "Al hablar sobre los demás y sobre el mundo el poeta habla siempre sobre sí mismo". Ponderando lo que haya que ponderar, de Casas puede decirse algo similar y siguiendo al propio Charles Simic, es dable afirmar que la obra del poeta sudamericano "deriva de reconocer la doble naturaleza del lenguaje. El lenguaje es tanto un contrato (nombra lo que existe) como una opción (inventa lo que existe)". Escribe Casas en "Hace algún tiempo": … / Como siempre, la lluvia caía en todas partes. / Hoy nos encontramos en la calle. / Ella estaba con su marido y su hijo; / éramos el gran anacronismo del amor, / la parte pendiente de un montaje absurdo. / Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.

Frente a la voluntad ciega nos plegamos y termina por hacernos "…muy desdichados. Nos hace esclavos". "La voz extraña", por el contrario "suele hacer karaoke con nuestros destinos" y puede llegar a ponernos en el sitio que deseamos. Queda claro que Casas ha sabido escuchar "la voz extraña", aunque el tránsito hacia ella, el dejar que esa voz aspire y drene no haya sido fácil. Por fortuna, sin aspaviento alguno, Casas ha puesto en el centro de su escrituras las cosas sencillas; esas mismas cosas que siendo tan sencillas no cualquiera puede nombrar, crear o dotar de vida y que no son tampoco y ni de lejos el facilismo ramplón y estólido que campea en las muchas capillas literarias, que se empeñan en demeritar un día sí y otro también el oficio de escribir y, de paso, cerrar los caminos para autores que con mejores prendas estilísticas caminan por fuera de la pista de las "grandes obras". Por fortuna para el buen lector que es siempre un hereje, en la medida que es quien elige, puede optar entre esas "grandes obras" y el trabajo literario de Fabián Casas, que al igual que todo lo bien hecho, perdurará al tiempo. (Fabián Casas, Ensayos bonsái, Seix Barral, Editorial Planeta, México, 2016, 226 pp.; La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún, Seix Barral, Editorial Planeta, México, 2016, 228 pp.; Horla City y otros, Seix Barral, Editorial Planeta, México, 2016, 207 pp.).