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NY presume su influencia en el arte de Tamayo

Redacción CUBO

En otoño de 1926, Rufino Tamayo llegó con un par de maletas a Nueva York, especíricamente a la Calle 14, para entrar en contacto con la pintura sus contemporáneos europeos en una muestra en el Museo de Brooklyn y para exhibir su obra en la Galería Weyhe. 

El joven pintor oaxaqueño de 25 años de edad llegaba a esa ciudad justo después de haber celebrado su primera exposición individual en México, en un tiempo en el que la urbe norteamericana era la protagonista de un intercambio cultural transatlántico y transhemisférico sin precedentes. 
Acompañado por el compositor mexicano Carlos Chávez, Tamayo se dejó influir por la ciudad y su paisaje urbano, por sus rascacielos y sus ferias, como queda constancia en la exposición Tamayo, los años de Nueva York, que exhibe 41 de las mejores obras del oaxaqueño en el Museo Smithsonian de Arte Americano, en Manhattan, hasta el 18 de marzo de 2018. 
En la exposición, que recopila piezas de colecciones privadas y de museos, se considera por primera vez cómo la ciudad de Nueva York fue la fuente de inspiración para que Tamayo desarrollara un arte contemDoráneo mexicano, aue rechazó las narrativas evidentes y se alejó de los temas políticos que imperaban en la obra del movimiento muralista, además de abrir las puertas de las galerías de esa ciudad para más artistas mexicanos. 
"Como curadora de arte latinoamericano estaba muy interesada en montar una exhibición que mostrara el trabajo de artistas latinoamericanos en Estados Unidos. Tuve la idea de exponer a Tamayo porque hubo un par de exposiciones en el Museo del Barrio en el que se presentaron piezas de él, por lo que comencé a estudiar cuál fue el impacto de Nueva York en su carrera y qué hizo cuando estuvo aquí. Así comenzó el proyecto", explicó E. Carmen Ramos, la subdirectora en curaduría del Museo Smithsonian de Arte Americano, a La Razón. 
"La ciudad tuvo un impacto profundo en sus ideas sobre la creación artística. Él llega a Nueva York cuando es muy joven y todavía está elaborando sus ideas como artista. 
Es en Nueva York en donde él por primera vez tiene encuentros con la obra original de artistas europeos, lo que realmente lo impacta. En Nueva York ve obras del arte abstracto, del expresionismo, del cubismo, una amplia gama de arte que es muy diferente y que viene de distintas partes del mundo, lo que expande su visión. Eso tiene un fuerte impacto en él, pues viene de un contexto en el que el muralismo comenzaba a ser la forma de arte más importante en México". 
Aunque en su primera estancia Rufino Tamayo solamente permaneció dos años debido a que una enfermedad y su paupérrima situación económica lo obligaron a volver a México, tuvo la oportunidad de entrar en contacto con las obras de Braque, Giorgio De Chirico y Pablo Picasso, lo que queda reflejado en su obra, y se volvió amigo del francés Marcel Duchamp, el realista Reginald Marsh, el cubista Stuart Davis y el litografista y pintor Yasuo Kuniyoshi, artistas que también experimentaban con temas vinculados a su medio local. 
Pero la influencia no se da en un solo senatido, comentó la experta del Museo Smithsonian, pues Tamayo también se percató por primera vez del gran interés que había en el arte mexicano en Nueva York entre los coleccionistas y críticos más importantes de la escena artística. 
De esta manera, expuesto al modernismo internacional y al reconocimiento del arte indígena mexicano, el oaxaqueño logra una síntesis que da lugar al arte moderno mexicano, que combina la tradición europea contemporánea y la cultura popular nacional. 
Pero ésa no fue la primera ni la última ocasión en la aue Tamavo estuvo en Nueva York, ya que hubo subsecuentes visitas en 1930, en medio de la Gran Depresión en Estados Unidos, y en 1936 cuando llegó a esa ciudad para una estancia de dos semanas... que se prolongó hasta 1949. 
Es en esta época, específicamente en 1939, en la que el pintor oaxaqueño observa Guernica (1937), de Picasso, en la Galería Valentine, así como la retrospectiva del artista español en el Museo de Arte Moderno. Inspirado por el universo de Picasso y el arte africano, el mexicano reinterpreta el arte popular y crea una serie de pinturas sobre la guerra con animales agresivos y violentos, además de que su obra se vuelve más abstracta, informó E. Carmen Ramos. 
"Después de ver Guernica, Tamayo consigue entender la importancia de la alegoría en la creación pictórica. En sus obras con animales refleja la ansiedad de la guerra. 
Tamayo estaba en contra del realismo social del muralismo y al ver a Picasso tuvo ideas sobre cómo tener creaciones relevantes socialmente, que no cayeran en el realismo social", dijo. 
Unos años después, en 1945, Tamayo conoció a Joan Miró y su trabajo Consteladones en la galería de Pierre Matisse, el hijo menor del impresionista francés Henri Matisse, quien de inmediato se vuelve el galerista y representante del pintor oaxaqueño. 
"Tamayo siempre tuvo interés en temas sobre el firmamento, en parte debido a la fuerte influencia de la cultura prehispánica, que tiene una larga tradición astronómica, como los mayas, por ejemplo, pero después de observar esta exposición en Nueva York lo lleva a otro nivel", indicó la subdirectora en curaduría del Museo Smithsonian. 
El pintor mexicano, conocido por su gusto por involucrarse en cada proceso de su obra, al grado de elaborar papel a mano él mismo, también impartió lecciones en la Universidad Dalton y se volvió un artista influyente en Nueva York, que convirtió a esa ciudad en imán para los creadores. 
"Él fue un artista americano, en el sentido continental, interesado en el arte indígena, que creaba arte abstracto inspirado en arte netamente americano. Muchos de los artistas estadounidenses siguieron el ejemplo de Tamayo y quisieron hacer lo mismo en su país", dijo E. Carmen Ramos. 
Fui a Nueva York para saber lo que era la pintura. Nueva York me ayudó a percatarme de todas las tendencias existentes en ese momento. Me mostró lo que era el arte" Rufino Tamayo Pintor Si pudiera expresar con una sola palabra lo que distingue a Tamayo de otros pintores, sin lugar a dudas diría: Sol. (Con información de La Razón).