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¿Es posible morir de miedo?

Redacción CUBO

Hace unas pocas semanas, al igual que hicieron millones de estadounidenses, fui a ver It, que ya lleva más de 300 millones de dólares recaudados solo en Estados Unidos. Como me suele ocurrir con casi todas las películas de terror que veo, no me asustó tanto como esperaba. O, por lo menos, el payaso, Pennywise, no me dio demasiado miedo. Lo que sí que me asustó es que el propio miedo (que es lo que representa Pennywise, al fin y al cabo), pudiera matar. Puede que yo no me asuste con facilidad con una película, pero es tremendamente fácil asustarme en cualquier otra parte. Si de verdad es posible eso de morir del propio miedo, estoy segura de que soy una de las candidatas más probables.

Con la esperanza de que me aseguraran que mi miedo excesivo a todo lo que me rodea no puede matarme realmente, me puse en contacto con unos cuantos expertos. Mi gozo en un pozo:

"Sí que es cierto que cualquier estado de ánimo llevado al extremo, ya sea miedo o cualquier otro, puede matarte", asegura Suzanne Steinbaum, directora del Programa de Salud Cardiovascular de la Mujer en el Lenox Hill Hospital (Nueva York). De hecho, el riesgo de infarto aumenta durante la Superbowl y las World Series de béisbol". La influencia exacta es casi imposible de cuantificar, pero la doctora Steinbaum asegura que se han detectado picos claros en la tasa de infartos durante las fechas de ese tipo de grandes eventos deportivos. Aunque teóricamente esas muertes se catalogan como infartos o derrames, el factor desencadenante es una emoción desbordante, por lo que Suzanne Steinbaum afirma que no es ningún disparate decir que la causa de la muerte es realmente el miedo (o el estrés, la ansiedad, la emoción...).

Cualquier estado de ánimo llevado al extremo, ya sea miedo o cualquier otro, puede matarte.

Es importante hacer hincapié en lo de que la emoción tiene que ser "desbordante". El cerebro humano ha evolucionado de tal forma que reacciona bien ante estímulos suaves o moderados de miedo, pero cuando el miedo (u otra emoción) se dan en exceso, empezamos a tener problemas para reaccionar de forma adecuada.

Humaira Siddiqi, jefa de psiquiatría en el Kaiser Permanente (Virginia, EE UU), me comentó que cuando empezamos a sentir miedo (o cualquier emoción), este se genera en una parte del cerebro llamada amígdala cerebral. En circunstancias suaves o moderadas, esta información se retransmite al hipocampo, que está situado justo encima, y el hipocampo se encarga de valorar la emoción en su contexto. Pon por ejemplo las veces que te parece ver algo por el rabillo del ojo: puede que tu amígdala cerebral lo procese como una señal de alarma, creyendo que es un ratón, un ciempiés o algo igual de horrible. El hipocampo se encarga de darse cuenta de que:

a) no has visto nada.

b) has visto un ratón o un ciempiés, pero no te va a hacer daño.

Solo si el miedo es demasiado intenso y repentino puede darte problemas:

"Cuando experimentas un miedo repentino y masivo puede saltarse el hipocampo, y entonces es cuando ese miedo no tiene ningún contexto. Es puro miedo y toma el control del cerebro", explica Siddiqi.

En un caso así, el organismo libera una ola de hormonas (epinefrina, norepinefrina y cortisol) que pueden provocar un ritmo cardíaco irregular, una subida de tensión arterial, un derrame cerebral, un infarto y, en consecuencia, la muerte, aunque es bastante improbable. El motivo de esta liberación de hormonas es lo que Siddiqi describe como un mecanismo obsoleto de respuesta al miedo: lucha o huye.

"El miedo en la actualidad no suele requerir de una reacción física, sino que pensemos con claridad. En ese sentido, el ser humano afronta el miedo con un mecanismo de defensa que se quedó obsoleto en algún momento de la evolución".

Esos carteles que ponen en las montañas rusas como advertencia a las personas con algún problema de corazón están ahí por algo.

Dado que la gente (normalmente) ya no afronta el miedo huyendo ni luchando, el exceso de adrenalina ya no va acorde con las necesidades actuales. De hecho, en situaciones de extremo miedo o ansiedad, suele ser mejor "ignorar" las señales del cuerpo respirando hondo y tranquilamente.

"Técnicas como respirar hondo varias veces pueden parecer estúpidas, pero al respirar, el corazón se ralentiza ligeramente. Así frenas conscientemente la reacción del cuerpo. Al hacer eso, la influencia que ejerce dicha reacción se afloja y te permite relajarte y volver a ponerte al mando", explica Siddiqi.

Morir de miedo (o de cualquier otra emoción fuerte) es algo muy improbable, aunque el riesgo aumenta cuantos más años tenga la persona o si padece alguna cardiopatía, según la doctora Steinbaum. Pese a ello, el miedo es un aliado, no un enemigo. El miedo supone una ayuda para la supervivencia muchas más veces que una amenaza:

"Que el cuerpo reaccione al miedo es algo positivo. Es bueno que seamos capaces de tener ansiedad e incluso es bueno poder sufrir depresión, porque son señales o alarmas de que algo no va bien. Hemos evolucionado con la reacción al miedo como mecanismo de defensa. Si pudiera extinguirnos, no habríamos evolucionado con ella", justifica Siddiqi.

Dicho esto, merece la pena entender y hacer caso al límite de cada uno. Esos carteles que ponen en las montañas rusas como advertencia a las personas con algún problema de corazón están ahí por algo. Hay un motivo por el que será imposible convencer a algunas personas de que vean It, aunque les asegure que no da tanto miedo. Hay una razón por la que jamás, ni en un millón de años, saltaré de un avión con la esperanza de que no falle mi paracaídas. El miedo probablemente no te matará, pero ¿para qué arriesgarse?

Este post fue publicado originalmente en TheAtlantic.com, apareció posteriormente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.(Con información de Huffinton Porst)

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