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Muertos y vivos... después de 2018

Christian García Muñoz @chrisgarmu

La muerte es sinónimo de cambios, de fin de ciclos y de trascendecia. Decía Octavio Paz que la muerte está presente en nuestras fiestas, en nuestros juegos, en nuestros amores y en nuestros pensamientos. Morir y matar son ideas que pocas veces nos abandonan. La muerte nos seduce.

El proceso electoral que ya inicia y cuyas votaciones se desarrollarán el próximo 1 de julio de 2018, pone en juego, sí, el futuro del país, pero además, el porvenir de quienes serán candidatos a la Presidencia de la República. Algunos permanecerán vivos en la política nacional, pero otros “morirán”, o al menos perecerán sus aspiraciones.

Vivos, como siempre han sido, quedarán los priistas, después del proceso interno para designar al candidato a la Presidencia, ya sea José Antonio Meade, Miguel Ángel Osorio Chong o Aurelio Nuño; pero también después de la propia elección. Los priistas son vivos para reagruparse, para colocarse en diferentes cargos y algunos para seguir vigentes en la escena política del país y, por tanto, para seguir viviendo de lo que saben hacer: aparentar que trabajan y seguir ganando por eso.

Vivos también estarán los panistas que se adhieran a Ricardo Anaya, quien se perfila como el candidato que el PAN -o, mejor dicho, él-  propondrá para representar al Frente Ciudadano (PAN, PRD y Movimiento Ciudadano), debido a que aferrado, estratega y ventajoso como es “el niño de oro”, de no ganar la candidatura ni la Presidencia (como seguramente sucederá), colocaría sus intereses bien pensados dentro de su partido.

Muerto quedará el PRD, luego de que empezó a padecer una “enfermedad terminal” desde el momento en que decidió aliarse con el PAN en algunos estados para intentar ganar las elecciones para gobernador, ocurrió en Veracruz, Puebla y Oaxaca, por ejemplo. Se piensa repetir en otros estados y ahora en la elección más importante del país.

Los ideales del PRD, como partido no como negocio político, son realmente buenos, por algo nació como una oposición al sistema controlador y corrupto del PRI, pero se ha contaminado tanto, que de ese perredismo reformador y democrático sólo queda el recuerdo de las candidaturas de Cuauhtémoc Cárdenas o las jefaturas de Gobierno ganadas en los últimos años en la Ciudad de México, y algunas gubernaturas.

Aunque Andrés Manuel López Obrador ha dicho que, de no ganar la Presidencia, se irá a La Chingada, las experiencias anteriores hacen dudar de su dicho. Sin embargo, si se analiza la posición que en este momento tiene sonaría un tanto lógico y real que lo hiciera, pues no tiene el mismo ímpetu de hace 11 años, cuando contendió por primera vez para llegar a Los Pinos; y por que la creación de su propio partido y el manejo del mismo le dan ciertos beneficios políticos y económicos.

“El Peje”, como desde hace varios años, es impredecible. No podríamos en este momento saber si seguirá vivo o muerto después de las elecciones del próximo año. En todo caso, si perdiera la elección como candidato de Morena, se encontraría en un lugar parecido al purgatorio: no se queda, pero tampoco se va. Y si ganara la Presidencia, en automático seguiría vivo durante un buen tiempo más, a reserva de que lo quisieran matar, políticamente hablando.

Enrique Peña Nieto, uno de los presidentes más repudiados en la historia del país, seguirá vivo. Dicen que entre los que ya no están con nosotros mueres cuando se les deja de recordar, y eso difícilmente pasará con Peña Nieto.

En México, en el mundo de los vivos hacemos fiesta por los muertos. Quisiéramos ver muertos a algunos políticos, y vivir cuando el objetivo real de la política parece haber muerto desde hace mucho tiempo.

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