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Bellas Artes ¿en malas artes?

Marcos Marín Amezcua @marcosmarindice

Soy asiduo visitante de museos y el del Palacio de Bellas Artes concluyo que me desagrada sobremanera. Merece denunciarse a la opinión pública. 

Hace unos años, con un corte de cabello semirrapado me apersoné a una expo. El ujier me miraba de arriba abajo no creyendo que fuera yo académicoal mostrarle mi credencial que me exentaba del pago. Refunfuñó discriminatorio en su trato y no le quedó más que dejarme pasar. Son racistas y discriminadores en Bellas Artes. Me miraba como si portara yo la peste bubónica, uno que en domingo lo obligan a ir de saco y corbata. Ese es su rollo, no el mío. Las taquilleras, lo mismo. Groseras las más. 

Se quemó parte del recinto meses atrás y es hora que el mármol externo sigue chamuscado. Una vergüenza tanta indolencia. Una joya de nuestra arquitectura en manos de gente indolente, irresponsable.Sí, en Bellas Artes son indolentes y su tardanza suena y sabe a corrupción, ya no digamos ese incendio de meses atrás.

Luego vino la chapuza de Miguel Ángel y Da Vinci, con una publicidad engañosa que parecía que nos traerían LaGioconda, con horas interminables de espera en el negocio de saturar exposiciones tan del gusto del presente sexenio, donde pasas rápidosolo pagando lo indecible si te suscribes “por red”. El colmo con los precios infladosY dejando qué desear, como la expo de Lautrec, hacinada y sin lucirla al meterla en recovecos. En ella asomó la voracidad de Bellas Artes al traerla y vender los recuerditos, que desde luego, no les compré. Prohibir fotos para engrosar los bolsillos de algún funcionario vivales no es lo mío. Que se traguen sus suvenires. 

Y encima esta expo de Rojo Mexicano,que con cartelas de pobre redacción y obras de bajo perfil, de rojo tiene la desventura de que para variar los groseros y altaneros ujieres de Bellas Artes, petulantes como en ninguna parte (ya podrán celebrarlo) y uno a cada diez pasos del otro –que nos han de costar carísimos alos contribuyentes– son de incómoda presencia y majaderas maneras. No cambian y nadie les para los pies. 

Esta vez no cobran los permisos de fotografía que haya que estar mostrando cada dos pasos, por su impertinencia. Uno me dijo que podía hacer fotos sin flash, entendiéndose que con cámara. Sí, sin flash me repitióPero otra me detuvo adelante porque no se permitían más que celulares y no las profesionales. No toda cámara lo es. La mía no. La respuesta a tal censura: El negocio de la venta de suvenires a todo lo que da. No hay otra medida científica que lo valga o justifique. Desde luego que les dejé otra vez a que se tragaran sus suvenires. Ello no sin antes decirle a la ujier: “para variar topamos con la burocracia de Bellas Artes”. Se rió, desvergonzada. Junto a ella tuiteé en ese momento: “La ‘burrocracia’ de Bellas Artes te dice que fotos con cámara y luego que no. Siempre desagradable visitarlo. Se perdieron artículo para España”. Giré hacia ella luego de leérselo en voz alta y rematé: “Ahora sí ya te puedes reír”.   Frunció el ceño y proseguí mi visita. Es que Bellas Artes medra con el arte en malas artes y resulta desagradable visitarlo. Una pena tanta corrupción.

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