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Sí, otra columna sobre Meade (señoritingo)

Víctor Zúñiga | @Zuniga_Vic

Pues qué le va uno a hacer. Es el tema del momento. En torno a su persona y a su decisión de postularse (¿o más bien ante el acatamiento de una orden girada por el presidente Peña Nieto?) como precandidato “ciudadano” del PRI a la Presidencia de la República, se ha escrito y se ha dicho demasiado en los últimos días. 

Los calumnistas y la clase política en general han analizado y se han posicionado sobre diversos aspectos de esa noticia, dada a conocer por el propio ex secretario de Hacienda el pasado 27 de noviembre. 

En este sentido las reacciones han ido desde la preocupación ante la posibilidad de que el ala tecnócratica del priismo retenga por seis años más el gobierno federal, hasta la minimización y descalificación por el origen pipiris nais de Meade,como la realizada por Andrés Manuel López Obrador, quien lo llamó “pelele” y “señoritingo”, poniendo de manifiesto su clasismo pueblerino. Porque contrario a la percepción casi generalizada en este país de globos y bicicletas, el clasismo no es únicamente una prerrogativa de los fresas hacia los nacos, sino también de los nacos hacia los fresas, de los fresas hacia los fresas y de los nacos hacia los nacos; es más, ya hasta deberían elevarlo a rango constitucional.

Si bien los términos empleados por el tío Peje no son precisamente los más académicos, lo cierto es que reflejan la percepción de un sector de la opinión pública -qué es la que más o menos sabe quién es José Antonio Meade, porque la banda que es ñera y punk seguramente se ha de andar preguntando qué hace el doble de Leono de los Thundecats como precandidato del PRI a quién sabe qué cosa- en torno a la autenticidad de la autonomía y el liderazgo político de don “Pepe Toño” (así le dicen sus cuates). Sobre todo en el contexto de la disputa por el poder, que más que admitir grados académicos o trayectorias profesionales destacadas, exige sagacidad, firmeza y capacidad para mandar y dirigir, cualidades todas éstas que no quedaclaro si están en el haber de Meade, quien siempre ha sido el empleado y subordinado de alguien, que carece de militancia partidista y, por tanto, de convicciones ideológicas -que no sean las de tipo académico relacionadas con las bondades del libre mercado- para articular voluntades que le den soporte políticoya sea para impulsar sus proyectos o para confrontar a sus adversarios. 

Porque contrario a lo que cree la sociedad civil buena onda que piensa que piensa, el éxito y la eficacia de los gobiernos en sistemas políticos complejos no depende de la “ciudadanización de la política” -cualquier cosa que eso signifique y cualquier cosa que entiendan por ello- sino en gran medida de la configuración de bases de apoyosocial que no se agoten en la legitimidad temporal aportada por la participación de los votantes en una elección. Eso, o que el ciudadano buena onda se abandone a los brazos de un partido político y le pida a sus militantes y sectores que lo hagan suyo… políticamente hablando. 

Por eso es que la precandidatura del ciudadano Meade genera más dudas y escepticismo queentusiasmo, pues no está claro si un tipo bonachón y con nula experiencia en plomería política tendrá la capacidad para imponer su liderazgo personal por encima del de los grupos regionales que integran el partido que respalda sus aspiraciones presidenciales.E incluso, si en el escenario de su triunfo electoral, tendrá autonomía para tomar sus decisiones de gobierno, o si más bien será rehén de la disputa de facciones que se vive de manera soterrada al interior del priismo

Así que si usted, amable y estoico lector que cada semana se fuma esta insufrible columna, tenía la expectativa de que el ciudadano Thundercat era el remedio para los males que aquejan a la política nacional, este analista lamenta informarle que no es así (y de paso aprovecha para decirle que los Reyes Magos no existen; eran sus papás).Es más, cualquiera que sea el resultado de la elección presidencial del siguiente año, no garantiza un cambio,ni instantáneo, ni radical, de las actuales condiciones económicas, sociales y, sobre todo, políticas del país.  

Y esto es así por la sencilla razón de que no basta con la voluntad de una sola persona al frente de una institución, por muy preparada, honesta o experimentada que sea técnica y/o políticamente, para lograr la transformación de todo un sistema de conductas y prácticas culturales en torno a la disputa y el ejercicio del poderCreer que el Presidente de la República lo puede todo, es un anacronismo, una percepción superada por la realidad. 

Las grandes transformaciones en nuestro tiempo son colectivas y ni siquiera son dirigidas desde el poder. Son las sociedades en el debate público, en la movilización y en el activismo, las que marcan la pauta y fijan la agenda a la clase política. 

Si el tío Peje o el ciudadano Meade y sus respectivos rebaños no lo tienen claro o no lo han entendido, mejor que se vayan a su casa

DE PASADA: Es cuando menos contradictorio que el ciudadano Meade se auto presente como una opción honesta y moderna y lo primero que haga como candidato sea ir a recibir la bendición de los dinosaurios caciquiles del PRI. Pero así así la política huizachera de este país.

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