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Centavearnos con el precio de las gasolinas

Marcos Marín Amezcua @marcosmarindice

A eso se limita el beneficio de la reforma energética. El guión defendiéndola lo tiene bien aprendido el titular de la Comisión Reguladora de Energía, Guillermo Ignacio García Alcocer, y lo ha repetido en cuanta entrevista le han conseguido arrancar a raíz de la liberalización definitiva del precio de la gasolina. El sablazo lo describe como adecuado, positivo. Lo imagino diciéndolo sin pestañear, porque se le oye apresurado al afirmarlo, ni aire toma, que sería síntoma de una reflexión mínima. 

El guión se repite y no admite cuestionamientos. Tal autoritarismo debe de combatirse. La medida liberalizadora choca con la realidad y no fija parámetros de costos mínimos, so pretexto de que el mercado y las condiciones prevalecientes lo hagan. Porque lo hará el mercado y no el Estado, pero dice García Alcocer que denunciemos abusos. ¿Cómo hacerlo si no hay límite fijado al precio? ¿cómo saber cuándo hay abuso si pretextan el costo indexado a la evolución del mundo y a los precios internacionales del petróleo? Un Estado que se repliega y está ausente, es inútil. Eso es lo que sí tenemos.  

Con la reforma energética priista del gobierno al que pertenece el funcionario, todo es maravilloso, afirma: es competitiva como los nuevos precios elevados, y ahora ya podemos cargar en gasolineras diferentes y mediante un servicio soñado, con litros de a litro. Ni una gota más ni una menos. ¡¡¡Uffff!!! qué avance y qué ganancia. Claro que… tanta ventura apabulla y si me apura, encandila a los incautos. Y es dudosamente en nuestro provecho. Ya es bastante que su gobierno no haya podido evitar el fraude de los no litros de a litro. Y Profeco sigue multando gasolineros….Me dijeron que el PRI sería el remedio a los males de la Patria y ese mal en concreto, ese no terminó regresando el PRI. Lo que el PRI sí dijo fue en sus comerciales de Presidencia de 2013: “El petróleo seguirá siendo nuestro. No se lo vamos a regalar a nadie”. ¡Hombre! nada más eso faltaba. La clave de tal reforma está en los contratos leoninos de exploración y en los particulares beneficiados y de a cómo pagamos sus servicios, no en que se lleven petróleo, que luego no sabrían que hacer con él. La reforma energética dudosamente beneficia a los mexicanos. 

Me dijeron que la llegada de gasolineros de distintos países propiciaría el abaratamiento en el mercado, precios competitivos, una reducción del precio per se. Eso ya no hay quién lo entienda. Bajo el costo unos centavos luego de elevarlo. Porque en este país puede centavearse a la gente y te aplaudirá como foca la reforma priista. Pues no, centavear es tomarle el pelo a los ciudadanos. Eso no es precios más baratos y más competitivos. Centavear es darte un pan por el costal de harina que se llevan los ganones de siempre. Centavear igual que como lo hace la banca extranjera con los intereses, es la manera mediocre de confirmar lo mediocres que somos aceptándolo y callándolo.

Si a usted le agrada y reconforta, va. A mí no. Pero siempre habrá quien responda como una examiga cuando protesté por el pago de estacionamiento en plazas comerciales: “ahí van los que pueden pagar”. Como la gasolina, supongo. Hay que ser soberanamente tonto para mantener una mentalidad así. Y no detectar el abuso y la engañifa. Por mentalidades obtusas como la de mi examiga es que merecemos que nos sigan centaveando. Eso nos complace y nos tiene bien contentos ¿no es cierto?

Será que lo permitimos; será que cualquier funcionario de altos vuelos que cobra en este desgobierno federal 2012-18 sus muy jugosos emolumentos puede repetirte como merolico que el sablazo en el precio de la gasolina es benéfico y nos vuelve competitivos en los estándares internacionales, aunque no repare el sabiondo en que no ganamos los sueldos internacionales que juegan en esos estándares, sino un salario mínimo que es el más bajo de América Latina, pese a nuestra CTM, a nuestra Carta Magna centenaria, a nuestra Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y a nuestra primera revolución social del siglo XX, de lo justo, así  como merolicos sin cuestionar nada.

 

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