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Eichmann en el PRI: José Antonio Meade

 

Víctor Zúñiga @Zuniga_Vic

En 1963 Hannah Arendt publicó un texto en el que reflexionaba sobre lo que había observado en el proceso judicial del Estado israelí contra Otto Adolf Eichmann, un teniente coronel de las SS nazis encargado de logística para transportar a los judíos a los campos de concentración, en el contexto de la II Guerra Mundial. 

En ese libro Arendt desarrolló el concepto de la "banalidad del mal" a partir de la observación del comportamiento de Eichmann  durante el juicio en su contra, pues cuando era cuestionado sobre la gravedad de las acciones de las que había sido responsable, su respuesta se limitaba a decir que sólo hacía su trabajo cumpliendo órdenes superioreslo cual para Arendt era la demostración de que el mal podía reducirse a una actividad burocrática y carecer de una motivación ética basada en el odiohacia los otros considerados como enemigos. 

Y es que si uno revisa la biografía de Eichmann se dará cuenta de que, efectivamente, no era un genio maligno capaz de idear una campaña de exterminio sustentada en convicciones ideológicas y morales, sino un simple funcionario al servicio de un régimen que reconocía y premiaba la disciplina y la eficacia con la que se ejecutaban sus órdenes. 

Con las debidas reservas de tiempo y lugar es posible establecer una analogía entre Adolf Eichmann y José Antonio Meade, un funcionario de carrera modesto, disciplinado y relativamente honesto para los estándares de la ética política en México. 

Al igual que Eichmann, Meade se ha limitado a cumplir las órdenes superiores de quienes encabezan un régimen que en esencia también premia la disciplina y la eficacia ("el que se mueve no sale en la foto", solía decir Fidel Velázquez), a tal punto de ir contra sí mismo obedeciendo la orden de postularse como candidato presidencial del partido fundado por el régimenaún sin contar con las simpatías de los militantes de ese partido, pero más importantetodavía, sin el liderazgo y la experiencia políticas (que son diferentes a su amplia y probada experiencia administrativa) que exige un cargo tan importante como el de jefe de Estado. Un buen burócrata no necesariamente es un buen político y, menos aún, un buen estadista. 

Pero, sobre todo, Meade y su candidatura comprueban que la banalidad del mal es un concepto que continúa extraordinariamente vigenteporque al limitarse a cumplir las órdenes del grupo hegemónico al interior del PRI renuncia a la posibilidad de reflexionar acerca de la gravedad de las acciones con las que los gobernantes surgidos de ese partido han dañado a la sociedad mexicana: corrupción, peculado, asociación delictuosarepresión social y un larguísimo etcétera.

Y todavía más: les pideque lo hagan uno de los suyos y se deja arropar por sus operadores electorales expertos en prácticas antidemocráticas para obtener sufragios.

Si a eso no se le llama incongruencia o contradicción ética, este sencillo, carismático, inteligente y modesto columnista no sabe cómo llamarlo. Pero está cabrón.

DE PASADA: Para los amigos justicia y gracia, dicen que decía el bisabuelo de los priistas, un tal Benito Juárez. Y sí, para los aliados electorales justicia y gracia, o lo que es lo mismo, prisión domiciliaria en Polanco ¿verdad, Elba Esther Gordillo?

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