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Análisis del Banco Mundial evidencia la inadecuada atención del cáncer en AL

Redacción CUBO

Los sistemas de salud en América Latina, incluyendo a México, han sido incapaces de otorgar acceso oportuno y efectivo a medicamentos para tratar de manera adecuada padecimientos crónicos como el cáncer y, por ello el gasto de bolsillo, sobre todo entre sectores vulnerables, supera 45 por ciento de los ingresos, elevando la desigualdad y acentuando la pobreza, aseguraron representantes del Banco Mundial (BM), cuyo informe está próximo a publicarse. 

Marcelo Bortman, especialista en Salud, Nutrición y Población, y Daniel Cotlear, economista líder para América Latina, ambos del BM, explicaron que en algunos países de la región se puede contar con infraestructura adecuada, algunos hasta con tecnología innovadora, pero la falta de capacitación y de especialistas para leer de manera adecuada las imágenes o resultados propician errores en los diagnósticos. 
Los informes sobre calidad en América Latina, abundó Bortman, establecen que 65 por ciento de los servicios médicos otorgados a la población es de mala calidad debido a la falta equipo o bien de especialistas capaces de detectar a tiempo tumores malignos. 
"La insatisfacción de los individuos con la calidad de los servicios que les proporcionan sus instituciones es lo que los lleva a buscar atención médica con prestadores privados, generándoles gastos catastróficos", abundó. 
Gasto de las familias "La familia termina por cubrir esas enfermedades catastróficas no detectadas a tiempo y, de acuerdo con los indicadores, cuando gasta más de 25 por ciento de sus ingresos se incrementa la posibilidad de caer en situaciones de empobrecimiento", aseguró Bortman tras resaltar que México, Chile, Uruguay y Perú tratan de contener este tipo de situaciones. 
En el caso de México, aseveró, se cuenta con el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos que cubre a los afiliados al Seguro Popular en la atención de enfermedades de alto costo, como cáncer infantil, cervicouterino, de mama, ovario, próstata y testículos, entre otras neoplasias, lo que no significa garantía de calidad. 
El experto señaló que "muchas veces se depende de la suerte del médico que atiende" al enfermo, ya sea haciéndole estudios adecuados u otorgando medicamentos eficaces para su padecimiento. 
La calidad, aclaró Bortman, en absoluto debe estar ligada con otorgar tratamientos de última generación cuando muchos no han probado su real eficacia, sino que es necesario tener esquemas y guías de abordaje científicamente rigurosos que pueden abarcar desde tratamientos convencionales, quimioterapias y radioterapias, hasta inmunoterapias y fármacos target (dirigidos). 
Los estudios de farmacoeconomía, aseveró Daniel Cotlear, son esenciales debido a que se observa un gasto elevado en tratamientos innovadores sin probada eficacia. 
En Colombia, ejemplificó, hay juicios y se obliga a los sistemas de salud a adquirir tratamientos costosos, a pesar de que comités científicos ya han demostrado que la innovación farmacológica no será de utilidad a ciertos pacientes. "Se llevan en compras de tratamientos costosos e ineficaces más de 60 por ciento de los recursos", señaló el economista. 
La posibilidad de pensar en un sistema de salud universal, agregó, resulta también complicada ante la fragmentación que tiene México, como otros países, de su sistema de salud, en el que no hay criterios homologados de atención para una misma enfermedad ni se cuenta con el equipo necesario y, menos aún, con el presupuesto requerido. 
Grandes pendientes Los expertos coincidieron en que, a pesar del envejecimiento poblacional, 60 por ciento de los adultos mayores no tiene sus necesidades médicas satisfechas, lo que deriva en discapacidades para efectuar actividades diarias como bañarse, comer o ir al baño. 
"En México esta incidencia sigue siendo alta comparada con países más desarrollados y la situación es mucho peor entre los menos educados y más pobres. Es la familia la encargada entonces de los adultos mayores, sobre todo las mujeres, y esto lo paga la familia, no ei gobierno. 
A medida de que la población envejezca, el número de personas dependientes será mayor. 
Lo que está ocurriendo es que la población de altos ingresos paga, pero en la medida en que la gente proteste, los gobiernos se verán obligados a financiarlos", aseveró Cotlear. 
El experto señaló que se carece de las previsiones necesarias para una adultez sana y lo que se está provocando es que este sector sea visitante asiduo de clínicas y hospitales, que ocupe camas por tiempos prolongados o pase muchas horas en cama en sus casas, obligando a sus familiares a abandonar sus empleos o a que los corran. 
En comunidades rurales, por ejemplo, las brechas de desigualdad son mayores, dado que a las mujeres y adolescentes no se les otorga una atención adecuada en salud reproductiva y materna, por ello la cifra de decesos por causas como tener un hijo sigue siendo elevada. 
El problema, aseguró Cotlear, sigue siendo la falta de seguimiento, control para evitar deterioros e internamientos inesperados y prolongados que son altamente costosos para la economía de los sistemas sanitarios y familiares. 
En México el porcentaje del PIB que se destina a la salud es 2.7 por ciento menor al promedio de lo que invierten los 35 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). 
"Una comparación que resulta injusta cuando se coteja a países desarrollados con países envías en desarrollo", pero que refleja el interés de sus gobiernos por la saiud, concluyó (Con información de Milenio). 

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